SER MADRE NO ES FÁCIL · Situaciones Difíciles, Expectativas y Realidades de mi Maternidad

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¡Hola, bienvenida a mi blog! Aprovecho la oportunidad para darte las gracias y transmitirte lo mucho que valoro que dediques un espacio de tu tiempo a leer mis vivencias.

En esta ocasión, escribo sobre un tema que me parece nos es común a todas las madres siendo algo que seguramente todas hemos experimentado y que, en algún momento de nuestro día a día, hemos pensado: ser madres no es fácil.

Pues sí, resulta ser que un buen día nos convertimos en madres y nuestra vida cambia por completo. Una abrupta e intensa mezcolanza de pensamientos y sentimientos se apoderan de nosotras como una rotunda confirmación de los efectos que este acontecimiento ocasiona en nuestras vidas.

Aparte del volcán emocional que se encuentra desarrollándose en nuestro interior, ese nuevo mundo de la maternidad que empezamos a vivenciar es el origen de múltiples y novedosas experiencias. Probablemente, creíamos estar preparadas para enfrentar muchas de esas experiencias y es posible que para algunas estuviésemos parcialmente preparadas.

Lo cierto es que una cosa es la teoría y otra la práctica, y seguramente para ciertas situaciones no nos encontrábamos tan preparadas o listas cómo pensábamos.

Y tarde o temprano varias de las ideas preconcebidas que albergábamos sobre la maternidad se difuminan en el lienzo de la realidad.

Puede ser que la aplicación de estas ideas no resultase tan fácil como pensábamos o no se llevan a cabo acorde a nuestras más altas expectativas. Entonces, llega el momento en el cual sentimos la necesidad de replantearnos esas ideas y decidir si seguimos un nuevo rumbo en nuestro camino como madres.

Todo lo anterior aunado a las exigencias propias de la maternidad (la atención total a nuestro bebé, las escasas horas de sueño, los múltiples temas por decidir, entre otros) es lo que en un momento dado nos hace darnos cuenta que SER MADRES NO ES FÁCIL.

Desde mi vivencia de madre reciente de un pequeño niño de 3 años, en este post comparto con ustedes 8 situaciones gracias a las cuales me di cuenta que ser mamá no es fácil.

1. El POSPARTO o la Brusca Transición de Madre Latente a Madre en Funciones

Sin lugar a dudas, la situación merecedora del lugar número uno de mi lista es la etapa del POSPARTO.

Intencionalmente lo escribo así: en mayúscula, negrita y subrayado, intentando reflejar gráficamente una pizca de la magnitud de este frágil y complejo momento que vivimos después del nacimiento de nuestros hijos.

En mi glosario personal de términos de maternidad he denominado a esta etapa como “la brusca transición de madre latente a madre en funciones” porque definitivamente es eso: una transición rápida, repentina, de un día para el otro, en pocas palabras, brusca.

Un día te encuentras embarazada en los últimos meses de gestación. Si bien es cierto en esos meses sobrellevas alguna que otra incomodidad, ya sea por el peso, el cansancio, entre otros (en términos de un embarazo sin complicaciones o riesgos), pero aún posees cierto grado de autonomía, vas con tu bebé a todas partes y tu estado de maternidad se encuentra esplendorosa y visiblemente latente.

Al día siguiente transcurren el parto y el nacimiento, y sostienes en tus brazos a un bebé recién nacido que depende por completo de ti: oficialmente te has convertido en una madre en funciones.

Aunque te hayas preparado mentalmente durante todo el embarazo para ese momento y hayas leído una extensa cantidad de libros y artículos sobre ser madre, sobre la lactancia, sobre el cuidado del bebé y una larga lista de temas relacionados, la experiencia sobrepasa con creces la teoría.

En mi caso, en los días inmediatamente posteriores al nacimiento de mi hijo, aún me encontraba asimilando emocionalmente todo lo ocurrido, a la vez que recuperándome minímamente del parto, el evento de mayor exigencia física de mi vida, con la responsabilidad de hacerme cargo de mi bebé recién nacido, de sus cuidados básicos y, muy preponderantemente, de su alimentación, ergo, la lactancia (el segundo lugar de esta lista).

El tema es que sentía que no había tiempo de “recuperarme” porque ya era una madre en funciones, activada y cumpliendo mi rol de madre las 24 horas del día. Mientras me ocupaba de las necesidades físicas y emocionales de mi hijo e iba aprendiendo sobre la marcha acerca de ese nuevo mundo de la maternidad, debía encontrar la forma de gestionar todas esas emociones que se desbordaban de mi interior.

Me siento muy agradecida porque durante esa etapa siempre conté con el apoyo de mi esposo y de mis padres quienes estuvieron acompañándome en esos delicados momentos.  Ellos me escucharon, me apoyaron, me alimentaron, en síntesis, cuidaron de mí para que yo pudiese cuidar de mi hijo (y también cuidaron de él).

Y aun así fue un período muy difícil: la sensibilidad a flor de piel, los llantos a diario, los miedos y la ansiedad que emergían a la superficie constantemente eran mi pan nuestro de cada día.

Lo cierto es que el tiempo de recuperación a un ritmo natural sí existe y transcurre paralelamente a nuestra adaptación a nuestro nuevo papel de madres. Por supuesto, esto lo comprendí tiempo después.

El posparto es una etapa de múltiples matices y su vivencia depende de las circunstancias y de la personalidad de cada mujer, de las condiciones y circunstancias del parto o cesárea, de su vida familiar, de sus condiciones económicas, en fin, mil y un razones por las cuales la experiencia de cada madre es única.

Los sentimientos que experimentamos son complejos y para cada madre es un universo en sí mismo. Reconocer si es depresión posparto o tristeza, también conocida como baby blues, es fundamental para su tratamiento.

Durante esta etapa, lo importante es sentirnos acompañadas, apoyadas, escuchadas y comprendidas por las personas que nos rodean: nuestras amistades, nuestras familias y nuestros esposos.

Si contamos con la oportunidad de expresar libremente nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestros miedos, paulatinamente esas emociones se estabilizarán, seguiremos adelante y lograremos empoderarnos en nuestro nuevo rol de mamás.

En definitiva, el POSPARTO es real, es auténtico y es la primera gran señal de que ser madres no es fácil.

2. La Lactancia: Expectativa versus Realidad

La lactancia fue una situación muy difícil para mí. Durante el embarazo, estuve plenamente convencida de que podría amamantar a mi hijo sin ningún inconveniente.  En mi mente no albergaba ninguna duda al respecto, pero la realidad fue muy diferente: se me dificultó amamantar a mi hijo y mi período de lactancia duró escasamente un mes.

El grado de estrés y los nervios que sentí durante el corto período de tiempo que hice lo posible para alimentar a mi hijo exclusivamente con leche materna no los he experimentado antes ni después. Mi estado de ansiedad fue de tal magnitud que ni siquiera podía mantenerme erguida, mi cuerpo simplemente no podía, ni sentada ni de pie.

La situación para nuestra familia (sí, porque hay tener en cuenta que esto es algo que afecta a TODA la familia: mamá, papá, bebé, abuelos, etc.) empezó a mejorar cuando mi esposo y yo decidimos alimentar a nuestro bebé con leche de fórmula (biberón), un par de días antes de cumplir su primer mes. ¿Los motivos de esa decisión? Nuestro bebé lloraba constantemente, estaba perdiendo peso y la situación se agudizaba día a día.

A partir de esa decisión todo cambió: mi grado de estrés empezó a disminuir (aunque no desapareció en su totalidad hasta varios meses después). Nuestro bebé se calmó, pude empezar a disfrutar a mi hijo y creo que él pudo empezar a disfrutarme a mí. Por primera vez desde su nacimiento vivimos momentos de tranquilidad más extensos.

En este caso, por el hecho de no ver cumplido a cabalidad mi deseo de amamantar me sentí derrotada y fracasada como mujer y como madre, y lo más grave: sentí que le había fallado a mi hijo.

Pasaron varios meses para poder asimilarlo y superarlo, pero hoy en día estoy convencida de que tomamos la mejor decisión para nuestra familia, en especial para mi hijo que estaba siendo el principal afectado, y no siento remordimientos al respecto.

Las razones por las cuales mi lactancia no fue “exitosa” pudo deberse a múltiples factores los cuales he analizado profundamente. Algún día compartiré con ustedes mi experiencia sobre este tema, no sólo con la finalidad de que aquellas que están pasando, o pasaron, por momentos difíciles durante esta etapa sepan que no están solas y que no son las únicas sino también porque al compartir nuestras experiencias podemos ayudar a otras madres con las suyas.

Aún cuando mi experiencia no concluyó de la manera que esperaba, sigo siendo una fiel creyente en la importancia de la lactancia materna y si tuviese otro hijo con toda seguridad lo intentaría nuevamente.

3. Mis Ideas Preconcebidas sobre la Crianza y la Educación

 Este punto está muy relacionado con la situación anterior. Cuando somos madres primerizas seguramente nos hemos hecho considerables ideas sobre diversos temas con respecto a nuestros hijos, muy especialmente, sobre aspectos relacionados con su crianza y su educación.

Cuando estos temas no terminan desarrollándose o concretándose según nuestras expectativas a veces nos cuesta aceptarlo y sentimos que hemos fallado (como fue mi caso con la lactancia), pero es importante entender que somos nuevas en esto, incluso si se ha sido madre previamente, las experiencias con cada hijo pueden ser tan diversas como niños existen.

Te cuento algunas de las ideas que se encontraban muy arraigadas en mi mente antes de nacer mi hijo y su desenlace:

· Mi hijo no usaría pañales desechables, JAMÁS. Cuando estuve embarazada hice extensas investigaciones sobre los mejores pañales para mi bebé: de tela, de microfibra, de fibras de bambú, etc. Incluso compramos 2 docenas de pañales de fibras de bambú que esperaron pacientemente en sus paquetes por el nacimiento de nuestro hijo ¿La realidad? ¡Jamás los usamos! Aún se encuentran esperando en sus empaques. Al día de hoy todavía me pregunto cómo hacen esas madres que logran implementar con éxito el uso de estos pañales ¿Cuál es el secreto? Todavía no logro imaginar qué tiempo hubiese apartado para lavarlos y prepararlos diariamente. Por eso,  en este punto hago un inciso especial para expresar mi respeto a todas esas madres que utilizaron, y utilizan, pañales de tela, incluyendo a la mía.

· Su alimentación sería 100% natural, solamente comida preparada en casa por mí (valga decir que preparada EXCLUSIVAMENTE por mí). Idealizaba una alimentación completamente natural, todo hecho en casa. Admito que logré llegar hasta el año y medio siguiendo bastante al pie de la letra esta resolución. Pero resulta que un día tu hijo prueba el helado por primera vez ¡y le encanta! Y otro día te lo vuelve a pedir y tú se lo das porque es parte de los pequeños placeres de la vida. Al final, comprendes que es necesario que experimente con todos esos sabores y alimentos que tú no habías considerado incluir en su dieta. Lo importante es el balance y que lo que prevalezca en nuestros hogares sea la comida y los menús saludables.  Y, de vez en cuando, permitirnos una excepción a nuestras reglas.

· El tiempo de pantalla, es decir, el tiempo que estaría expuesto a pantallas de televisión/tabletas/teléfonos móviles, sería nulo. Este tema constituiría una nota por sí sola, de hecho, escribí un post al respecto que puedes leer aquí >>> Tiempo de Pantalla · Una de las cosas que dije que NUNCA haría cuando fuese Madre

¿Cuál es mi punto de vista al respecto? Como todo en la vida el quid de la cuestión es encontrar el balance. Es una realidad que la tecnología es un componente intrínseco de la vida moderna y si es utilizada adecuadamente puede ser beneficiosa. A los padres nos corresponde decidir a qué tipo de programas, juegos o vídeos deseamos exponer a nuestros hijos y establecer límites y tiempos efectivos para su uso.

Hoy en día, mi hijo no utiliza teléfonos móviles ni tabletas, pero sí ve programas de televisión y vídeos.  Entre los criterios que tomo en cuenta para seleccionar los programas de televisión están:

  • La utilización de un buen vocabulario y buenos diálogos entre los personajes
  • Que los personajes animados no sean grotescos (en pocas palabras: feos) así como tampoco lo sean las acciones ni los escenarios.
  • Y, por supuesto, que la trama incluya dentro de sí una enseñanza tanto para enseñar lo que se debe hacer como para demostrar lo que no se debe hacer.  Los vídeos los prefiero educativos y musicales.

· Por último, me entusiasmé enormemente con un determinado método o, más bien, una filosofía educativa la cual deseaba implementar fervientemente. Leí libros (por partes), seguí páginas web y blogs de madres que lograron implementarlo y lo explicaban a sus lectores. El tiempo transcurría y no lograba ponerme al día en este tema, me sentía muy culpable por no poder aplicarla. Hasta el día que me cansé de cargar con esa culpa autoimpuesta y decidí que iba a implementar mi propio estilo de crianza, tomaría aquello que me gusta de uno y de otro método, desde el más profundo respeto que siento hacia los grandes estudiosos e investigadores de la educación y lo que ellos han observado y plasmado en sus libros y en sus conferencias combinado con mi instinto de madre, mis deseos, mis conocimientos y, por supuesto, como la conocedora número 1 de ese individuo en formación que es mi hijo.

En síntesis, mi consejo es, si es que puedo estar en la posición de dar consejos, no ser tan rígidas e inflexibles con aquello que teníamos como expectativa o como hoja de ruta planeada para nuestra maternidad. Lo importante es adaptarnos a las circunstancias, a nuestros hijos y realizar los ajustes que consideramos necesarios en el camino.

Recordemos que antes de nacer nuestros hijos la ecuación está incompleta porque el individuo sobre el cual queremos centrar y aplicar todas nuestras ideas y expectativas aún es desconocido para nosotros y, sin lugar a dudas, es la pieza fundamental en el engranaje de implementación de todas esas acciones.

4. Mis Ideas Preconcebidas sobre el Carácter / Temperamento / Personalidad de mi Hijo

 En mi caso, esta es una situación MUY importante. Confieso que surgió de la ilusa idea de que lo más probable es que tus hijos se parezcan a ti, no sólo físicamente sino en temperamento.

En mi caso, nada más alejado de la realidad.  Si yo soy tierra, mi hijo es fuego, es decir, de una personalidad tranquila y con tendencia hacia el interior, podemos tener como resultado un niño extrovertido, sociable, explosivo, intenso y todos esos adjetivos que sean sinónimos de actividad superlativa. Siempre digo que él es la vida expresándose en todo su esplendor.

En estos 3 años que llevo conociéndolo, me doy cuenta que es así y confieso que me gusta. Me gusta porque remueve mi mundo, agitando las aguas tranquilas por las que solía navegar y estoy segura que me brindará un sinnúmero de experiencias maravillosas.

Lo importante es aceptar a nuestros hijos como son, conocerlos, comprender su carácter y ejercer nuestro papel como sus principales formadores y guías por la senda de la vida.  Incentivarlos a lograr el máximo provecho de sus cualidades y ayudarlos a ajustar o calibrar aquellos aspectos de su personalidad que seguramente requerirán ajustes.

5. Las Escasas Horas de Sueño y el Cansancio Permanente (no exagero)

 Esta situación es difícil para todos los padres. Esas noches de poco dormir se nos hacen eternas, pensamos que durarán para siempre, el cansancio es extremo y con la total certeza de que las posibilidades de descansar son escasas o nulas.

No lo voy a matizar: los primeros meses son muy difíciles en este aspecto… y el primer año, y el segundo y así sucesivamente.

Esa frase que escuchas una y otra vez cuando estás embarazada de tu primer hijo “Duerme ahora porque cuando se tienen hijos ya no vuelves a dormir igual (o no vuelves a dormir)”, esta frase que parece tan cliché, tan trillada y que en tu estado de madre primeriza aceptas con una sonrisa de incredulidad, es una de las frases más ciertas en todo el universo paternal/maternal.

6. Cuando mi Hijo se Enfermó por Primera Vez (y siempre que se enferma)

Siempre es difícil ver a nuestros hijos enfermar. Pero cuando ocurre la primera vez, con toda tu inexperiencia a cuestas, puede llegar a ser una buena fuente de estrés.

Con el pasar del tiempo vamos adquiriendo experiencia en el tema y según sea la enfermedad gestionándola con un poco más de calma. Por supuesto, desearíamos que no ocurriera, pero eso es imposible.

7. Los Momentos que he Sentido que he Fallado como Madre

Existen muchas razones por las cuales podemos pensar o sentir que hemos fallado como madres.  Hay momentos en los que pensamos que no los protegimos lo suficiente, que cometimos un error en su cuidado o en su crianza o estamos seguras que pudimos prever alguna situación desafortunada.

Así me ocurrió cuando mi pequeño, poco antes de cumplir su segundo año, tuvo una caída que derivó en nuestra primera visita a urgencias.  Lo recuerdo como si fuera hoy: todo ocurrió ante mis ojos, vi toda la acción desarrollarse en cámara lenta, segundos antes había pensado “mejor ve por él” y aunque no fue nada grave, sólo una pequeña herida en su frente, realmente me sentí muy mal porque sentí que fallé en tomar una acción que hubiese podido prevenir el hecho y,  de esta manera, evitarle ese momento doloroso.

Seguramente, nos toparemos en el camino con muchas situaciones de este tipo. Lo más importante es partir siempre de la premisa que como madres estamos haciendo lo que consideramos mejor en el momento y ante cada situación.

Si sentimos que pudimos prever algo, pues la próxima a estar más alertas, si hay algo que no podemos manejar por desconocimiento del tema, siempre podemos recurrir al consejo de especialistas (según sea el tema) o al apoyo de otras mamis que hayan pasado por esas etapas.

8. La Dedicación Completa hacia otro Ser Humano

Esto también se traduce como la dependencia absoluta de otro ser humano de nuestra persona.

Toda mi vida he sido una persona responsable conmigo y con los demás, por ende, no me asustaba la idea de criar a un hijo ni la responsabilidad que eso conllevaba.

Aun así, de mi experiencia como madre en esos primeros meses de vida de mi hijo, adaptarme a esa nueva realidad me llevó un tiempo.  Porque esa dedicación completa a ese pequeño ser implica, aparte de la indiscutible responsabilidad, pasar a un segundo plano. Tus prioridades cambian, tu vida cambia por completo, todo cambia. Nada se mantiene igual.

Convertirse en madre es una revolución en todos los aspectos, física, mental y emocionalmente, que varía el modo de vida que conocías hasta ese entonces. Esa adaptación puede llevarnos un tiempo, pero lo hacemos, pienso que es lo natural de una primera experiencia.

Lo importante es aceptar que ese pequeño ser depende completamente de nosotras en todos los aspectos: somos su primer referente emocional, su protección, su confianza, su seguridad, su sustento y estamos destinadas a enseñarles y demostrarles cómo se siente y se expresa el Amor.

Todos esos referentes en los que nos hemos convertido sólo nos debe servir para afianzarnos y engrandecernos en ese nuevo rol que la vida nos ha presentado: SER MAMÁS.


Estas son algunas de las situaciones difíciles que he experimentado en mi camino como madre. La mayoría de ellas relacionadas con las expectativas e ideas preconcebidas que albergaba sobre la maternidad antes de ser madre y, finalmente, cómo se desarrollaron en la realidad.

En estos 3 años que llevo de ser madre todos los días aprendo algo nuevo y cada etapa es portadora de ricas experiencias y aprendizajes.  Los momentos difíciles existen, no hay duda, y también los momentos felices y los momentos de satisfacción y orgullo por los logros alcanzados.

Sé que cada nueva etapa de mi hijo y cada edad traerán consigo nuevos retos y nuevas alegrías, lo cual me emociona y me mantiene a la expectativa de lo que está por venir.

La maternidad es un proceso en construcción permanente, es una evolución constante al igual que nuestras vidas y eso es parte de lo bonito de ser madre: seguir adelante aún después de los momentos difíciles haciéndonos cada día más fuertes y afirmándonos cada día que pasa en nuestro rol de mamás.

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¿Te ha gustado el post? ¿Cuáles han sido tus momentos más difíciles como madre? ¿Cómo los has sobrellevado?

Estaré encantada de recibir tus comentarios y todo lo bueno que quieras compartir conmigo.

¡Gracias por leerme!

Abrazos,

Madrevivencias - Firma 2018 - Post

13 comentarios en “SER MADRE NO ES FÁCIL · Situaciones Difíciles, Expectativas y Realidades de mi Maternidad

    • Sí, nadie dijo que fuera fácil. Lo del posparto es muy difícil. En mi caso, se juntó con una lactancia “fallida” y fue doblemente estresante. Estoy segura que la mayoría de las madres pasamos por esto, Sobre todo si es el primero. Gracias por tu comentario. Abrazos, Ana.

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  1. A mí me pasó igual pero en el sentido contrario 😛 Tenía tan asumido el cambio que iba a suponer ser madre, lo dura que iba a ser la lactancia, lo complicado que es el post-parto… que luego me sorprendió que no estaba siendo tan malo como me lo había imaginado 😉

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