Soy una Mamá a los 40 · El Inicio de mi Recorrido en el Camino de la Maternidad

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Este es un escrito simbólico y de fundamental importancia en mi vida: el relato de mi experiencia y lo que ha significado para mí convertirme en madre por primera vez en el umbral de mis 40 años.

El hecho de convertirme en madre es el impulso que me ha conducido hasta este instante en el que me encuentro escribiendo estas líneas. Finalmente, plasmando y concretando uno de los grandes anhelos de mi vida: escribir.

Gracias al nacimiento de mi hijo y a mi nuevo rol de mamá, estoy aquí compartiendo mis vivencias y reflexiones con ustedes.

Esas son las maravillosas causalidades con las cuales la vida nos sorprende todos los días.

SOY UNA MAMÁ A LOS 40

El Inicio

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Realmente, mi recorrido en el camino de la maternidad inició “casi” a mis 40 años. Inicié mi embarazo a los 38 años. Tenía 39 años cuando mi hijo nació y cuando él cumplió sus 7 meses de edad, yo cumplí mis 40 años.

Los 40 años, esa edad que se ha convertido en un hito para casi todos los seres humanos, tanto hombres como mujeres. Por alguna razón, cumplir 40 años entraña un cierto detenerte en el camino, un reflexionar sobre los 20 años anteriores de tu vida en los que has vivido tu etapa de adulto.

Ese es el motivo por el cual quizá nos sentimos obligados a hacer ese alto en el camino para realizar una introspección, reflexionar, preguntarnos qué hemos hecho, hacia donde nos dirigimos, cómo nos sentimos hasta ahora con nuestras vidas, si somos felices, si nos hemos realizado personal y profesionalmente, si hemos cumplido con nuestros propósitos establecidos a priori, evaluar si necesitamos hacer cambios o ajustes y… seguir adelante.

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Y resulta ser que en ese hito de la vida personal, yo alcancé otro indiscutible hito en la vida de toda mujer: me convertí en MADRE.

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“Querido Hijo, deseo que siempre recuerdes lo amado que eres.”

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Querido Hijo, deseo que siempre recuerdes lo AMADO que eres.

Deseo que recuerdes todos los besos, todos los abrazos, todas las risas, todas las caricias, todos los juegos, todas las miradas de amor que cruzamos contigo a diario.

Deseo fervientemente que atesores en tu corazón el Amor que tu padre y yo sentimos por ti y que recuerdes siempre que ERES NUESTRO MAYOR TESORO.

Sé que sólo nos entenderás y comprenderás cuando seas padre, cuando un pequeñito o pequeñita llegue a tu Vida, como llegaste tú a la nuestra, y ocupe en tu corazón ese lugar preponderante que sólo los hijos ocupan en el corazón de sus padres. Ese día nos comprenderás.

Deseo que nuestro Amor te acompañe siempre, que sea tu leal compañía en el camino de la vida, tu apoyo y tu fuerza en los momentos difíciles y la sutil alegría de tu alma en los momentos de calma.

Deseo que sientas y experimentes el Amor, que ames y seas amado.

Deseo que el Amor viva siempre en tu corazón.

Te Amamos, Papá y Mamá.

LA CONFIANZA PLENA · Lo que nuestros Hijos aprenden de nuestros Cuidados y de nuestro Amor.

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La idea para este escrito la tenía desde hace tiempo. De hecho, desde que mi hijo era un bebé de pocos meses, pero la había reservado en uno de mis compartimentos mentales para escribirla algún día.

¿Cuál fue el detonante, un par de años después, aparte de disponer del espacio en mi agenda de madre, esposa y profesional, para finalmente sentarme y escribir sobre esta idea?

Pues, enterarme de tristes sucesos de la vida que ocurren más cerca de lo que nosotros pensamos: acerca de niños que no reciben atención del padre o de la madre o de ambos. Sobre madres que prefieren colocar su relación efímera con un hombre por encima de la relación y de la responsabilidad hacia sus hijos (ni siquiera hablemos de amor) y sobre padres ausentes que no son referentes de ningún tipo en la vida de esos hijos.

Al escuchar esas historias se despliega ante mis ojos un paisaje nublado y gris habitado por seres de almas heridas. Esas heridas infligidas en la infancia son las más profundas, las más dolorosas y las que se llevan a cuestas la mayor parte de la vida.  Con el tiempo quizá cicatricen. Pero es seguro que esos individuos tendrán que dedicar años de introspección, autodeterminación, fuerza de voluntad e inclusive muchas horas de terapias para reconocer esas heridas, aceptarlas y, con suerte, sanarlas… si así lo desean.

En este contexto de seres de almas heridas, de dolor y de víctimas… ¿por qué hablo de Confianza Plena?

¿Cómo surgió el concepto de ‘Confianza Plena’?

Este concepto surgió en mi mente un día que estaba con mi bebé quien tendría aproximadamente 6 meses de edad. Recuerdo que lo había acostado en la cama. Recién lo había bañado, lo había secado, le había puesto su loción y empezaba a vestirlo con la ropa que le había escogido para ese momento. Ropa que también había comprado para él.  En ese momento, lo vi tan frágil e indefenso y yo sabía que si no preparaba su baño, lo bañaba, lo vestía, lo alimentaba, él no tenía opción de hacerlo por su cuenta.

Por supuesto, esto es una condición natural de los seres humanos. Todos sabemos que los recién nacidos no son capaces de valerse por sí mismos, pero en ese instante comprendí y experimenté a un nivel muy profundo la magnitud de su indefensión, de su extrema vulnerabilidad y de su absoluta dependencia de mí. Y, a la vez, se renovó en mi consciencia la suprema importancia y la crucial responsabilidad de mi rol como madre.

Lo cierto es que nuestros hijos durante esa etapa de absoluta dependencia siendo bebés, en las subsecuentes etapas cuando son niños pequeños y por un período importante de sus vidas son dependientes en mayor o menor medida de nosotros, sus padres, exponiéndonos al concepto que he denominado ‘La Confianza Plena’.

Desde mi punto de vista, ellos sólo empiezan a confiar conscientemente en nosotros con el transcurrir del tiempo, cuando empiezan a reconocernos como sus padres o, de una manera más realista, como sus cuidadores principales. Luego, nos reconocerán como sus padres y comprenderán el significado y la importancia de nuestra relación con ellos.

Pero antes de ese confiar consciente, existe un confiar inconsciente, automático: ellos DEBEN confiar en nosotros porque de otra forma no podrían sobrevivir. No tienen alternativa.

Por lo que es evidente que al satisfacer las necesidades de nuestros hijos les estamos enseñando a CONFIAR. Y no sólo a confiar a secas sino a CONFIAR PLENAMENTE.

A medida que crecen, los cuidados que les ofrecemos, el tiempo que les dedicamos y el amor que reciben de nuestra parte siembra en ellos la semilla de la confianza. Les otorga la certeza de que existen seres en los cuales pueden confiar, seres que los cuidan, los protegen y los aman. Posteriormente, esa confianza se transformará en el respaldo y la seguridad que les permitirá y los animará a explorar el mundo.

¿Y las Almas Heridas?

Probablemente, esto que menciono no sea una cuestión que ocupe nuestros pensamientos frecuentemente porque lo natural al convertirnos en madres y padres es hacernos cargo de nuestros hijos: los cuidamos, los protegemos y los atendemos amorosamente.  Al menos, eso es lo que decido creer que hacen la mayoría de los padres y madres del mundo, pero… ¿y cuando ocurre lo contrario? ¿Qué ocurre cuando aquellos que estaban supuestos a amarte, cuidarte y protegerte no honraron esa confianza y no cumplieron con su deber de padres?

En pocas palabras, cuando los adultos supuestos a cuidarte y amarte, no lo hicieron, bajo esas condiciones ¿qué pasa con esos niños? ¿Son capaces de confiar nuevamente?

Cuando reflexiono sobre el tema, aparte de sentir una profunda tristeza, comprendo a esos individuos cuya confianza en aquellos que estaban supuestos y obligados a cuidarlos responsablemente  se ha visto destrozada, una confianza que no ha sido honrada y no se ha concretado.

Desde esa experiencia ¿cómo puedes confiar en otras personas? Si tus referentes fundamentales han sido los primeros en traicionar tus expectativas de confianza, llevando al traste tu seguridad y ese derecho y deseo de sentirte protegido durante la etapa más vulnerable de tu vida.

Por tanto, bajo ninguna circunstancia es aceptable cuando en esa tierna etapa de la vida esa confianza es traicionada provocando que se desfigure, se quiebre y se haga añicos. De esta manera, arriesgando el adecuado desarrollo de una vida.

Me entristezco cuando leo o escucho sobre padres y madres que no cuidan o se desentienden de sus hijos y sin hablar de aquellos que son abandonados, maltratados o abusados.

¿Es posible la sanación?

Se requiere de mucho tiempo, de ACCIONES más que de pensamientos, y de grandes dosis de AMOR para restaurar esa confianza malherida o destruida.

No entraré por los derroteros de las circunstancias de esos padres y madres las cuales provocaron que actúen de esa forma con sus hijos. En la mayoría de las veces ellos tampoco fueron amados o no recibieron el cuidado que esperaban de sus padres.

Creo que aprendemos a ser padres por nuestros padres. Las lecciones esenciales y los cimientos de nuestra paternidad/maternidad provienen de lo que hemos experimentado como hijos y gracias al ejemplo que nuestros padres nos han brindado, por ende, si tus padres no han sido responsables o amorosos contigo, quizá tú no lo seas o te cueste hacerlo con los tuyos.

Claro, siempre he sido de la idea de que las circunstancias pasadas no son una condena para el resto de tu vida. Muchos hombres y mujeres superaron esas situaciones dolorosas o traumáticas, convirtieron esas circunstancias en aquello que no deseaban replicar en sus vidas, decidieron que con sus hijos sería diferente y son excelentes padres y madres. Y también puede ocurrir lo contrario. Hay de todo en nuestro mundo.

Lo que los Cuidados y el Amor Enseñan

La CONFIANZA PLENA es lo que nuestros hijos aprenden gracias a nuestros cuidados.  Es una derivación natural de nuestro amor de padres. Ellos CONFÍAN PLENAMENTE en nosotros y como padres nos corresponde, y considero que es nuestro deber primordial, honrar esa confianza que la vida nos ha obsequiado con la presencia de nuestros hijos.

Sé que las almas heridas existen y habitan en este mundo. También sé que existen almas que han experimentado el amor desde su nacimiento e incluso desde su concepción.

Procuremos que esas almas heridas encuentren su sanación y dotemos al mundo de seres humanos con almas provistas de cuidados y de AMOR.

Es el mejor punto de partida que le podemos obsequiar a nuestros hijos.

 

¡Gracias por leerme!

Abrazos,

Madrevivencias - Firma 2018 - Post


 

¿Qué opinas de mi reflexión? ¿Es posible sanar las heridas del alma? ¿Nuestros cuidados y nuestro amor les enseñan a nuestros hijos a confiar en los demás y en la vida?

Como siempre, estaré ENCANTADA de saber de tí y recibir tus comentarios.

Nos vemos en Instagram y Facebook

SER MADRE NO ES FÁCIL · Situaciones Difíciles, Expectativas y Realidades de mi Maternidad

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¡Hola, bienvenida a mi blog! Aprovecho la oportunidad para darte las gracias y transmitirte lo mucho que valoro que dediques un espacio de tu tiempo a leer mis vivencias.

En esta ocasión, escribo sobre un tema que me parece nos es común a todas las madres siendo algo que seguramente todas hemos experimentado y que, en algún momento de nuestro día a día, hemos pensado: ser madres no es fácil.

Pues sí, resulta ser que un buen día nos convertimos en madres y nuestra vida cambia por completo. Una abrupta e intensa mezcolanza de pensamientos y sentimientos se apoderan de nosotras como una rotunda confirmación de los efectos que este acontecimiento ocasiona en nuestras vidas.

Aparte del volcán emocional que se encuentra desarrollándose en nuestro interior, ese nuevo mundo de la maternidad que empezamos a vivenciar es el origen de múltiples y novedosas experiencias. Probablemente, creíamos estar preparadas para enfrentar muchas de esas experiencias y es posible que para algunas estuviésemos parcialmente preparadas.

Lo cierto es que una cosa es la teoría y otra la práctica, y seguramente para ciertas situaciones no nos encontrábamos tan preparadas o listas cómo pensábamos.

Y tarde o temprano varias de las ideas preconcebidas que albergábamos sobre la maternidad se difuminan en el lienzo de la realidad.

Puede ser que la aplicación de estas ideas no resultase tan fácil como pensábamos o no se llevan a cabo acorde a nuestras más altas expectativas. Entonces, llega el momento en el cual sentimos la necesidad de replantearnos esas ideas y decidir si seguimos un nuevo rumbo en nuestro camino como madres.

Todo lo anterior aunado a las exigencias propias de la maternidad (la atención total a nuestro bebé, las escasas horas de sueño, los múltiples temas por decidir, entre otros) es lo que en un momento dado nos hace darnos cuenta que SER MADRES NO ES FÁCIL.

Desde mi vivencia de madre reciente de un pequeño niño de 3 años, en este post comparto con ustedes 8 situaciones gracias a las cuales me di cuenta que ser mamá no es fácil.

1. El POSPARTO o la Brusca Transición de Madre Latente a Madre en Funciones

Sin lugar a dudas, la situación merecedora del lugar número uno de mi lista es la etapa del POSPARTO.

Intencionalmente lo escribo así: en mayúscula, negrita y subrayado, intentando reflejar gráficamente una pizca de la magnitud de este frágil y complejo momento que vivimos después del nacimiento de nuestros hijos.

En mi glosario personal de términos de maternidad he denominado a esta etapa como “la brusca transición de madre latente a madre en funciones” porque definitivamente es eso: una transición rápida, repentina, de un día para el otro, en pocas palabras, brusca.

Un día te encuentras embarazada en los últimos meses de gestación. Si bien es cierto en esos meses sobrellevas alguna que otra incomodidad, ya sea por el peso, el cansancio, entre otros (en términos de un embarazo sin complicaciones o riesgos), pero aún posees cierto grado de autonomía, vas con tu bebé a todas partes y tu estado de maternidad se encuentra esplendorosa y visiblemente latente.

Al día siguiente transcurren el parto y el nacimiento, y sostienes en tus brazos a un bebé recién nacido que depende por completo de ti: oficialmente te has convertido en una madre en funciones.

Aunque te hayas preparado mentalmente durante todo el embarazo para ese momento y hayas leído una extensa cantidad de libros y artículos sobre ser madre, sobre la lactancia, sobre el cuidado del bebé y una larga lista de temas relacionados, la experiencia sobrepasa con creces la teoría.

En mi caso, en los días inmediatamente posteriores al nacimiento de mi hijo, aún me encontraba asimilando emocionalmente todo lo ocurrido, a la vez que recuperándome minímamente del parto, el evento de mayor exigencia física de mi vida, con la responsabilidad de hacerme cargo de mi bebé recién nacido, de sus cuidados básicos y, muy preponderantemente, de su alimentación, ergo, la lactancia (el segundo lugar de esta lista).

El tema es que sentía que no había tiempo de “recuperarme” porque ya era una madre en funciones, activada y cumpliendo mi rol de madre las 24 horas del día. Mientras me ocupaba de las necesidades físicas y emocionales de mi hijo e iba aprendiendo sobre la marcha acerca de ese nuevo mundo de la maternidad, debía encontrar la forma de gestionar todas esas emociones que se desbordaban de mi interior.

Me siento muy agradecida porque durante esa etapa siempre conté con el apoyo de mi esposo y de mis padres quienes estuvieron acompañándome en esos delicados momentos.  Ellos me escucharon, me apoyaron, me alimentaron, en síntesis, cuidaron de mí para que yo pudiese cuidar de mi hijo (y también cuidaron de él).

Y aun así fue un período muy difícil: la sensibilidad a flor de piel, los llantos a diario, los miedos y la ansiedad que emergían a la superficie constantemente eran mi pan nuestro de cada día.

Lo cierto es que el tiempo de recuperación a un ritmo natural sí existe y transcurre paralelamente a nuestra adaptación a nuestro nuevo papel de madres. Por supuesto, esto lo comprendí tiempo después.

El posparto es una etapa de múltiples matices y su vivencia depende de las circunstancias y de la personalidad de cada mujer, de las condiciones y circunstancias del parto o cesárea, de su vida familiar, de sus condiciones económicas, en fin, mil y un razones por las cuales la experiencia de cada madre es única.

Los sentimientos que experimentamos son complejos y para cada madre es un universo en sí mismo. Reconocer si es depresión posparto o tristeza, también conocida como baby blues, es fundamental para su tratamiento.

Durante esta etapa, lo importante es sentirnos acompañadas, apoyadas, escuchadas y comprendidas por las personas que nos rodean: nuestras amistades, nuestras familias y nuestros esposos.

Si contamos con la oportunidad de expresar libremente nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestros miedos, paulatinamente esas emociones se estabilizarán, seguiremos adelante y lograremos empoderarnos en nuestro nuevo rol de mamás.

En definitiva, el POSPARTO es real, es auténtico y es la primera gran señal de que ser madres no es fácil.

 

2. La Lactancia: Expectativa versus Realidad

La lactancia fue una situación muy difícil para mí. Durante el embarazo, estuve plenamente convencida de que podría amamantar a mi hijo sin ningún inconveniente.  En mi mente no albergaba ninguna duda al respecto, pero la realidad fue muy diferente: se me dificultó amamantar a mi hijo y mi período de lactancia duró escasamente un mes.

El grado de estrés y los nervios que sentí durante el corto período de tiempo que hice lo posible para alimentar a mi hijo exclusivamente con leche materna no los he experimentado antes ni después. Mi estado de ansiedad fue de tal magnitud que ni siquiera podía mantenerme erguida, mi cuerpo simplemente no podía, ni sentada ni de pie.

La situación para nuestra familia (sí, porque hay tener en cuenta que esto es algo que afecta a TODA la familia: mamá, papá, bebé, abuelos, etc.) empezó a mejorar cuando mi esposo y yo decidimos alimentar a nuestro bebé con leche de fórmula (biberón), un par de días antes de cumplir su primer mes. ¿Los motivos de esa decisión? Nuestro bebé lloraba constantemente, estaba perdiendo peso y la situación se agudizaba día a día.

A partir de esa decisión todo cambió: mi grado de estrés empezó a disminuir (aunque no desapareció en su totalidad hasta varios meses después). Nuestro bebé se calmó, pude empezar a disfrutar a mi hijo y creo que él pudo empezar a disfrutarme a mí. Por primera vez desde su nacimiento vivimos momentos de tranquilidad más extensos.

En este caso, por el hecho de no ver cumplido a cabalidad mi deseo de amamantar me sentí derrotada y fracasada como mujer y como madre, y lo más grave: sentí que le había fallado a mi hijo.

Pasaron varios meses para poder asimilarlo y superarlo, pero hoy en día estoy convencida de que tomamos la mejor decisión para nuestra familia, en especial para mi hijo que estaba siendo el principal afectado, y no siento remordimientos al respecto.

Las razones por las cuales mi lactancia no fue “exitosa” pudo deberse a múltiples factores los cuales he analizado profundamente. Algún día compartiré con ustedes mi experiencia sobre este tema, no sólo con la finalidad de que aquellas que están pasando, o pasaron, por momentos difíciles durante esta etapa sepan que no están solas y que no son las únicas sino también porque al compartir nuestras experiencias podemos ayudar a otras madres con las suyas.

Aún cuando mi experiencia no concluyó de la manera que esperaba, sigo siendo una fiel creyente en la importancia de la lactancia materna y si tuviese otro hijo con toda seguridad lo intentaría nuevamente.

 

3. Mis Ideas Preconcebidas sobre la Crianza y la Educación

 Este punto está muy relacionado con la situación anterior. Cuando somos madres primerizas seguramente nos hemos hecho considerables ideas sobre diversos temas con respecto a nuestros hijos, muy especialmente, sobre aspectos relacionados con su crianza y su educación.

Cuando estos temas no terminan desarrollándose o concretándose según nuestras expectativas a veces nos cuesta aceptarlo y sentimos que hemos fallado (como fue mi caso con la lactancia), pero es importante entender que somos nuevas en esto, incluso si se ha sido madre previamente, las experiencias con cada hijo pueden ser tan diversas como niños existen.

Te cuento algunas de las ideas que se encontraban muy arraigadas en mi mente antes de nacer mi hijo y su desenlace:

· Mi hijo no usaría pañales desechables, JAMÁS. Cuando estuve embarazada hice extensas investigaciones sobre los mejores pañales para mi bebé: de tela, de microfibra, de fibras de bambú, etc. Incluso compramos 2 docenas de pañales de fibras de bambú que esperaron pacientemente en sus paquetes por el nacimiento de nuestro hijo ¿La realidad? ¡Jamás los usamos! Aún se encuentran esperando en sus empaques. Al día de hoy todavía me pregunto cómo hacen esas madres que logran implementar con éxito el uso de estos pañales ¿Cuál es el secreto? Todavía no logro imaginar qué tiempo hubiese apartado para lavarlos y prepararlos diariamente. Por eso,  en este punto hago un inciso especial para expresar mi respeto a todas esas madres que utilizaron, y utilizan, pañales de tela, incluyendo a la mía.

· Su alimentación sería 100% natural, solamente comida preparada en casa por mí (valga decir que preparada EXCLUSIVAMENTE por mí). Idealizaba una alimentación completamente natural, todo hecho en casa. Admito que logré llegar hasta el año y medio siguiendo bastante al pie de la letra esta resolución. Pero resulta que un día tu hijo prueba el helado por primera vez ¡y le encanta! Y otro día te lo vuelve a pedir y tú se lo das porque es parte de los pequeños placeres de la vida. Al final, comprendes que es necesario que experimente con todos esos sabores y alimentos que tú no habías considerado incluir en su dieta. Lo importante es el balance y que lo que prevalezca en nuestros hogares sea la comida y los menús saludables.  Y, de vez en cuando, permitirnos una excepción a nuestras reglas.

· El tiempo de pantalla, es decir, el tiempo que estaría expuesto a pantallas de televisión/tabletas/teléfonos móviles, sería nulo. Este tema constituiría una nota por sí sola, de hecho, escribí un post al respecto que puedes leer aquí >>> Tiempo de Pantalla · Una de las cosas que dije que NUNCA haría cuando fuese Madre

¿Cuál es mi punto de vista al respecto? Como todo en la vida el quid de la cuestión es encontrar el balance. Es una realidad que la tecnología es un componente intrínseco de la vida moderna y si es utilizada adecuadamente puede ser beneficiosa. A los padres nos corresponde decidir a qué tipo de programas, juegos o vídeos deseamos exponer a nuestros hijos y establecer límites y tiempos efectivos para su uso.

Hoy en día, mi hijo no utiliza teléfonos móviles ni tabletas, pero sí ve programas de televisión y vídeos.  Entre los criterios que tomo en cuenta para seleccionar los programas de televisión están:

  • La utilización de un buen vocabulario y buenos diálogos entre los personajes
  • Que los personajes animados no sean grotescos (en pocas palabras: feos) así como tampoco lo sean las acciones ni los escenarios.
  • Y, por supuesto, que la trama incluya dentro de sí una enseñanza tanto para enseñar lo que se debe hacer como para demostrar lo que no se debe hacer.  Los vídeos los prefiero educativos y musicales.

· Por último, me entusiasmé enormemente con un determinado método o, más bien, una filosofía educativa la cual deseaba implementar fervientemente. Leí libros (por partes), seguí páginas web y blogs de madres que lograron implementarlo y lo explicaban a sus lectores. El tiempo transcurría y no lograba ponerme al día en este tema, me sentía muy culpable por no poder aplicarla. Hasta el día que me cansé de cargar con esa culpa autoimpuesta y decidí que iba a implementar mi propio estilo de crianza, tomaría aquello que me gusta de uno y de otro método, desde el más profundo respeto que siento hacia los grandes estudiosos e investigadores de la educación y lo que ellos han observado y plasmado en sus libros y en sus conferencias combinado con mi instinto de madre, mis deseos, mis conocimientos y, por supuesto, como la conocedora número 1 de ese individuo en formación que es mi hijo.

En síntesis, mi consejo es, si es que puedo estar en la posición de dar consejos, no ser tan rígidas e inflexibles con aquello que teníamos como expectativa o como hoja de ruta planeada para nuestra maternidad. Lo importante es adaptarnos a las circunstancias, a nuestros hijos y realizar los ajustes que consideramos necesarios en el camino.

Recordemos que antes de nacer nuestros hijos la ecuación está incompleta porque el individuo sobre el cual queremos centrar y aplicar todas nuestras ideas y expectativas aún es desconocido para nosotros y, sin lugar a dudas, es la pieza fundamental en el engranaje de implementación de todas esas acciones.

 

4. Mis Ideas Preconcebidas sobre el Carácter / Temperamento / Personalidad de mi Hijo

 En mi caso, esta es una situación MUY importante. Confieso que surgió de la ilusa idea de que lo más probable es que tus hijos se parezcan a ti, no sólo físicamente sino en temperamento.

En mi caso, nada más alejado de la realidad.  Si yo soy tierra, mi hijo es fuego, es decir, de una personalidad tranquila y con tendencia hacia el interior, podemos tener como resultado un niño extrovertido, sociable, explosivo, intenso y todos esos adjetivos que sean sinónimos de actividad superlativa. Siempre digo que él es la vida expresándose en todo su esplendor.

En estos 3 años que llevo conociéndolo, me doy cuenta que es así y confieso que me gusta. Me gusta porque remueve mi mundo, agitando las aguas tranquilas por las que solía navegar y estoy segura que me brindará un sinnúmero de experiencias maravillosas.

Lo importante es aceptar a nuestros hijos como son, conocerlos, comprender su carácter y ejercer nuestro papel como sus principales formadores y guías por la senda de la vida.  Incentivarlos a lograr el máximo provecho de sus cualidades y ayudarlos a ajustar o calibrar aquellos aspectos de su personalidad que seguramente requerirán ajustes.

 

5. Las Escasas Horas de Sueño y el Cansancio Permanente (no exagero)

 Esta situación es difícil para todos los padres. Esas noches de poco dormir se nos hacen eternas, pensamos que durarán para siempre, el cansancio es extremo y con la total certeza de que las posibilidades de descansar son escasas o nulas.

No lo voy a matizar: los primeros meses son muy difíciles en este aspecto… y el primer año, y el segundo y así sucesivamente.

Esa frase que escuchas una y otra vez cuando estás embarazada de tu primer hijo “Duerme ahora porque cuando se tienen hijos ya no vuelves a dormir igual (o no vuelves a dormir)”, esta frase que parece tan cliché, tan trillada y que en tu estado de madre primeriza aceptas con una sonrisa de incredulidad, es una de las frases más ciertas en todo el universo paternal/maternal.

 

6. Cuando mi Hijo se Enfermó por Primera Vez (y siempre que se enferma)

Siempre es difícil ver a nuestros hijos enfermar. Pero cuando ocurre la primera vez, con toda tu inexperiencia a cuestas, puede llegar a ser una buena fuente de estrés.

Con el pasar del tiempo vamos adquiriendo experiencia en el tema y según sea la enfermedad gestionándola con un poco más de calma. Por supuesto, desearíamos que no ocurriera, pero eso es imposible.

 

7. Los Momentos que he Sentido que he Fallado como Madre

Existen muchas razones por las cuales podemos pensar o sentir que hemos fallado como madres.  Hay momentos en los que pensamos que no los protegimos lo suficiente, que cometimos un error en su cuidado o en su crianza o estamos seguras que pudimos prever alguna situación desafortunada.

Así me ocurrió cuando mi pequeño, poco antes de cumplir su segundo año, tuvo una caída que derivó en nuestra primera visita a urgencias.  Lo recuerdo como si fuera hoy: todo ocurrió ante mis ojos, vi toda la acción desarrollarse en cámara lenta, segundos antes había pensado “mejor ve por él” y aunque no fue nada grave, sólo una pequeña herida en su frente, realmente me sentí muy mal porque sentí que fallé en tomar una acción que hubiese podido prevenir el hecho y,  de esta manera, evitarle ese momento doloroso.

Seguramente, nos toparemos en el camino con muchas situaciones de este tipo. Lo más importante es partir siempre de la premisa que como madres estamos haciendo lo que consideramos mejor en el momento y ante cada situación.

Si sentimos que pudimos prever algo, pues la próxima a estar más alertas, si hay algo que no podemos manejar por desconocimiento del tema, siempre podemos recurrir al consejo de especialistas (según sea el tema) o al apoyo de otras mamis que hayan pasado por esas etapas.

 

8. La Dedicación Completa hacia otro Ser Humano

Esto también se traduce como la dependencia absoluta de otro ser humano de nuestra persona.

Toda mi vida he sido una persona responsable conmigo y con los demás, por ende, no me asustaba la idea de criar a un hijo ni la responsabilidad que eso conllevaba.

Aun así, de mi experiencia como madre en esos primeros meses de vida de mi hijo, adaptarme a esa nueva realidad me llevó un tiempo.  Porque esa dedicación completa a ese pequeño ser implica, aparte de la indiscutible responsabilidad, pasar a un segundo plano. Tus prioridades cambian, tu vida cambia por completo, todo cambia. Nada se mantiene igual.

Convertirse en madre es una revolución en todos los aspectos, física, mental y emocionalmente, que varía el modo de vida que conocías hasta ese entonces. Esa adaptación puede llevarnos un tiempo, pero lo hacemos, pienso que es lo natural de una primera experiencia.

Lo importante es aceptar que ese pequeño ser depende completamente de nosotras en todos los aspectos: somos su primer referente emocional, su protección, su confianza, su seguridad, su sustento y estamos destinadas a enseñarles y demostrarles cómo se siente y se expresa el Amor.

Todos esos referentes en los que nos hemos convertido sólo nos debe servir para afianzarnos y engrandecernos en ese nuevo rol que la vida nos ha presentado: SER MAMÁS.


Estas son algunas de las situaciones difíciles que he experimentado en mi camino como madre. La mayoría de ellas relacionadas con las expectativas e ideas preconcebidas que albergaba sobre la maternidad antes de ser madre y, finalmente, cómo se desarrollaron en la realidad.

En estos 3 años que llevo de ser madre todos los días aprendo algo nuevo y cada etapa es portadora de ricas experiencias y aprendizajes.  Los momentos difíciles existen, no hay duda, y también los momentos felices y los momentos de satisfacción y orgullo por los logros alcanzados.

Sé que cada nueva etapa de mi hijo y cada edad traerán consigo nuevos retos y nuevas alegrías, lo cual me emociona y me mantiene a la expectativa de lo que está por venir.

La maternidad es un proceso en construcción permanente, es una evolución constante al igual que nuestras vidas y eso es parte de lo bonito de ser madre: seguir adelante aún después de los momentos difíciles haciéndonos cada día más fuertes y afirmándonos cada día que pasa en nuestro rol de mamás.

Madrevivencias-Ser-Madre-No-Es-Facil


¿Te ha gustado el post? ¿Cuáles han sido tus momentos más difíciles como madre? ¿Cómo los has sobrellevado?

Estaré encantada de recibir tus comentarios y todo lo bueno que quieras compartir conmigo.

¡Gracias por leerme!

Abrazos,

Madrevivencias - Firma 2018 - Post

Sobre Educar a Mi Hijo en Valores… y unos Codazos en el Cine

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Hace unos meses fui al cine con mi esposo a ver ‘Avengers: Infinity War’, lo cual constituyó un doble milagro: primero, por la salida en sí, y segundo, por la proeza de ver una película en su semana de estreno. El doble milagro se lo agradecemos a los abuelos que se quedaron cuidando a nuestro pequeñito.

Como una anécdota paralela al tema central del post les contaré que, cansada del día, me debatía en uno de los eternos dilemas de las madres: ¿ir al cine o descansar aprovechando que mi hijo se había dormido temprano? Finalmente, con el sueño a cuestas, decidí salir, distraerme un rato y, por una vez en mucho tiempo, estar actualizada en términos cinematográficos.

Confieso que me sentía muy a la expectativa con la película porque hasta ese momento todos los comentarios eran buenos y había logrado llegar sin alerta de spoiler.  Seguramente, a estas alturas la mayoría de aquellos que lean este post habrá tenido la oportunidad de verla y lo único que cautamente comentaré (para no estropearle la experiencia a los que no la han visto) es que el final es totalmente inesperado.

Pero, en fin, este no es un post sobre la película sino un post sobre educar a mi hijo en valores y como se relaciona esto con unos codazos que recibí ese día en el cine.

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Sentir que pertenecemos a una Comunidad · Blogger Recognition Award 2018

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¡Hola, estoy de vuelta!

Después de un par de meses de no publicar, he regresado gracias a una bonita noticia: Andrea del blog Palabra de Mamá ha nominado a mi muy querido proyecto digital, es decir, a Madrevivencias, al Blogger Recognition Award.

Me sorprende y emociona recibir esta nominación. Le agradezco a Andrea por la gentileza de nombrarme e incluirme en su lista junto a maravillosas blogueras. Les invito a conocer su blog, se nota que está escrito desde el alma.

¿Cómo surgió Madrevivencias?

Mi blog surgió de un anhelo que se encontraba latente en mi alma desde que era una niña pequeña: escribir.  Postergué ese deseo por muchos años, hasta que me convertí en madre.  Con mi nuevo rol de mamá desarrollándose y en mi proceso de adaptación a la maternidad la necesidad de escribir se acentuó. Y llegó el momento en que decidí plasmar mi deseo y convertirlo en realidad. Deseaba contar, relatar, compartir todo aquello que estaba viviendo como una madre primeriza, mis reflexiones, pensamientos, experiencias, ideas prácticas y, en especial, expresar en palabras todo ese amor que se desbordaba de mi alma cada vez que contemplaba a mi pequeñito.

Por otro lado, también leí (y leo) muchos blogs de maternidad y de otros temas, escritos por mujeres y madres, y leer las experiencias que esas madres compartían me ayudó en determinadas circunstancias, me sentí acompañada en momentos difíciles, aprendí  tips para la vida diaria con mi bebé y pensé que mis historias quizá podían ser de utilidad, de compañía y de consuelo a otras mamás.

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La Historia de mi Parto en Casa y del Nacimiento de mi Hijo (Segunda Parte): La Labor de Parto, Sensaciones y Sentimientos

Madrevivencias-Historia-Parto-En-Casa-Nacimiento-Hijo-Labor-de-Parto

Hola,

Recibe una grata bienvenida a mi blog y mi sincero agradecimiento por dedicar parte de tu valioso tiempo a leer mis vivencias. Es un gesto que aprecio enormemente.

Este post es la segunda parte de la Historia de mi Parto en Casa y del Nacimiento de mi Hijo. Si aún no has leído la primera parte, te invito a hacerlo aquí: La Historia de mi Parto en Casa y del Nacimiento de mi Hijo (Primera Parte): La Decisión.

En esta segunda parte te contaré como experimenté mi labor de parto y describiré la miríada de sensaciones y sentimientos que me acompañaron durante todo el proceso.

¡Empecemos!


EL PARTO EXPERIMENTADO DESDE DOS DIMENSIONES 

Mi Parto lo experimenté desde dos dimensiones:

  • Desde la Dimensión Física, durante todo el proceso de la labor de parto, contundente y rotundamente en todo mi cuerpo teniendo como epicentro un útero listo y dispuesto a entregar una vida.
  • Desde la Dimensión Sutil, esa otra dimensión, la no física, aquella en la que se sitúan nuestras emociones y sentimientos, marcada por simbolismos y pletórica de significados.

LA DIMENSIÓN FÍSICA: La Labor de Parto. 

Inicia como una suave llovizna,

Y culmina en una fuerte tempestad.

Para explicar las etapas de la labor de parto utilizaré como referencia la descripción que hace de las mismas Ina May Gaskin en su libro ‘Ina May’s Guide to Childbirth’ (‘Guía para el Parto de Ina May’), al que he hecho referencia en mi post anterior.

De esta manera define Ina May las etapas de la labor de parto:

  • Primera Etapa: aquella en la cual el cuello del útero se dilata.
  • Segunda Etapa: una vez que el cuello del útero se ha dilatado completamente, una combinación de contracciones uterinas y la presión de los músculos abdominales empujan al bebé fuera del cuerpo de la madre. Esta fase dura hasta que nace el bebé.
  • Tercera Etapa: la que ocurre desde el nacimiento del bebé hasta la expulsión de la placenta.
  • Cuarta Etapa: el posparto.

En este post te contaré como viví la primera, segunda y tercera etapa de la labor de parto.

El posparto merece ser contado en una nota aparte.

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